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La Guaira: Refugios colapsados por la ola animal tras los terremotos

La Guaira: Refugios colapsados por la ola animal tras los terremotos

En Venezuela, miles de mascotas desamparadas saturan las capacidades de atención veterinaria y refugios estatales en medio del caos post-sismo.

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Tras los devastadores terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que azotaron el estado de La Guaira en Venezuela el pasado 24 de junio, la infraestructura local se ha visto desbordada no solo por la crisis humana —con más de dos mil fallecidos reportados— sino también por una emergencia animal sin precedentes. Miles de mascotas han quedado desamparadas entre los escombros, generando un colapso inmediato en los refugios y centros de atención veterinaria que operan en la zona norte del país.

La saturación de la ayuda espontánea

En las calles de Los Corales, una carpa improvisada por la organización voluntaria Brivet (Brigada Veterinaria) se ha convertido en el punto focal para miles de animales lesionados o abandonados. La médico veterinaria Irene Tejera, parte del equipo de 170 miembros que conformó esta estructura espontánea un día después de los sismos, describe una realidad crítica: "Estamos a máxima capacidad". Ante la imposibilidad física de acoger más animales debido a la falta de infraestructura y recursos a largo plazo, el personal ha tenido que improvisar soluciones logísticas, pidiendo a vecinos que retengan temporalmente a las mascotas mientras se busca espacio.

La demanda no conoce límites geográficos ni sociales. En la carpa han llegado desde residentes locales con sus propios animales hasta rescatistas procedentes de El Salvador y efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb). La diversidad de especies es tan amplia como desesperada: además de perros y gatos, se ha recibido conejos, morrocoyes e incluso un lorito. Tejera señala que muchos de estos animales llegan en estado crítico o de shock, una respuesta comprensible dada la magnitud del desastre natural.

El costo humano de la solidaridad

Más allá de las cifras frías, el impacto emocional sobre quienes cuidan a los animales es devastador. Tania Molina, encargada del refugio estatal Misión Nevado en La Guaira, relata una situación caótica donde ni siquiera existen registros actualizados debido al desorden generalizado. A pesar de haber perdido su propia vivienda y amistades, y ver cómo sus hijas abandonaban la ciudad, Molina decidió permanecer para atender a los animales que dependen de ella.

"Realmente no tengo un registro ahorita... esto parece una pesadilla", confiesa Molina entre lágrimas. Sin embargo, insiste en que los animales están comiendo y tranquilos gracias al esfuerzo colectivo del personal del refugio. Esta dedicación se refleja también en casos como el de Edward Chávez (32 años), quien, tras sufrir daños en su casa y enviar a sus hijas a otra ciudad, decidió quedarse para cuidar a sus perros y buscarles alimento entre las bolsas acumuladas en la tienda local.

La atención primaria brindada por Brivet es solo el primer paso; los animales son luego trasladados en vehículos particulares hacia Caracas para recibir tratamientos especializados. Ante esta realidad de recursos agotados, el llamado desde La Guaira se centra en una solución sostenible: la adopción responsable como única vía para aliviar la presión sobre un sistema sanitario animal que ha llegado a su límite.