El reciente terremoto de magnitud 5,1 registrado en Junín ha servido como un recordatorio crítico sobre la realidad geológica del país. Hernando Tavera, titular del Instituto Geofísico del Perú (IGP), aprovechó esta coyuntura para destacar que el daño estructural no depende exclusivamente de la fuerza bruta del evento sísmico, sino de una compleja interacción entre la profundidad del hipocentro y la densidad urbana circundante. Esta perspectiva técnica busca desplazar el enfoque mediático hacia un análisis más riguroso sobre cómo las características locales amplifican o atenúan los efectos de un sismo.
La magnitud no lo es todo
Durante su intervención en Canal N, Tavera precisó que la reactivación de una falla geológica en el Valle del Mantaro generó sacudidas intensas debido a una profundidad aproximada de 10 kilómetros. Este dato técnico resulta crucial: un sismo moderado y superficial puede producir niveles de vibración comparables a los de un terremoto mucho mayor ocurrido a gran distancia. El titular del IGP subraya que el factor predominante es la intensidad con la que se sacude el suelo, variable directamente influenciada por la cercanía a zonas urbanas.
La evidencia empírica en Chupaca y Chongos Bajo respalda esta teoría. Las viviendas de adobe antiguo mostraron una vulnerabilidad significativa frente al movimiento, mientras que las estructuras de concreto resistieron mejor. A esto se suma el factor geológico del suelo agrícola con agua subterránea, elemento que contribuyó a amplificar la onda sísmica. Estos detalles técnicos desmienten la idea simplista de que solo los grandes sismos son peligrosos, según Sismo de magnitud 5,2 en Guangxi, China, deja dos muertos y evacuaciones.
Riesgo en Lima y cultura de prevención
El análisis del IGP extiende esta lógica al contexto limeño, donde existe una extensa zona de acoplamiento sísmico entre Pisco y Huacho. Tavera señala que la vulnerabilidad no es uniforme ni depende únicamente del distrito; sectores como Lomo de Corvina o Ventanilla presentan riesgos específicos por el tipo de suelo y rellenos sanitarios. El desafío nacional, según el experto, radica en fortalecer una cultura de prevención activa mediante simulacros periódicos y verificación estructural.